En los últimos años, los grupos antiderechos han difundido la idea de que las mujeres y personas gestantes que abortan, por el simple hecho de hacerlo, quedarán traumatizadas de por vida. Este mito, ampliamente difundido con el nombre de síndrome posaborto, no es sino otra artimaña más que deben enfrentarse quiénes quieren abortar, pues no hay nada más alejado de la realidad.
Lo que dicen los estudios
Para comenzar, la Asociación Estadounidense de Psicología afirma que las personas que optan por un aborto en el primer semestre de embarazo no se enfrentan a un mayor riesgo de desarrollar afectaciones de salud mental que las mujeres que deciden continuar con un embarazo no deseado. Esto significa que el aborto, como procedimiento médico, no implica exponerse a estar traumatizada de por vida.
En realidad, algunas investigaciones respaldan que la mayoría de las mujeres y personas gestantes que deciden obtener un aborto tienden a experimentar alivio y sentimientos positivos relacionados a que consideran que tomaron la decisión correcta hasta cinco años después de haberse realizado el procedimiento.
La negación del aborto: el verdadero causante de afectaciones mentales
Ahora, esto no significa que todo sea color de rosa… Esa misma investigación resalta cómo el estigma y la dificultad que experimentaron esas personas para decidir juega un papel fundamental en la prevalencia (o no) de emociones positivas años después del procedimiento. Uno de los estudios más importantes (y rigurosos) en relación al aborto y sus consecuencias psicosociales, el estudio de Turnaway, concluyó algo bastante similar: Las barreras y la negación del servicio de aborto tienen graves consecuencias en la salud y el bienestar de las mujeres. Por ejemplo, cuando se niega un aborto, se pueden experimentar más síntomas de ansiedad y pérdida de confianza en sí, menor probabilidad de tener un proyecto de vida inspiracional y motivante en el próximo año y mayor probabilidad de continuar atada a una pareja violenta.
¡Estas consecuencias van más allá de la salud mental y afectan a nivel socioeconómico, e incluso generacional, a quiénes no pudieron acceder a un aborto!
Igualmente, las mujeres que se enfrentaron a distintas barreras como creencias que castigaban el aborto, costos de transporte o de tiempo para ir a lugares donde podrían practicarse un aborto de manera segura, e incluso incertidumbre sobre a dónde acudir para obtener un aborto tienden a experimentar mayores niveles de estrés, ansiedad o tristeza. Entonces, más que el aborto en sí mismo, son las variables sociales y contextuales las que pueden contribuir a que la búsqueda u obtención de un aborto sea una experiencia altamente estresante o satisfactoria para las mujeres y personas gestantes.
¿Esto qué quiere decir para las colombianas?
La realidad es que, a pesar de la despenalización del aborto hasta la semana 24 por la sentencia C-055 del 2022, muchas personas continúan enfrentando distintas barreras para acceder: negación a prestar el servicio porque es un atentado contra la vida, amenazas de que serán denunciadas y enviadas a la cárcel, demoras o imposición de exámenes o consultas que no son solicitadas, entre muchas otras. Asi que, para quiénes quieren acceder al aborto en Colombia, puede haber un aumento en la prevalencia de emociones complejas o contradaictorias con respecto a su decisión.
¡Tiene sentido que existan quiénes no hacen parte de la mayoría de mujeres y personas gestantes que se sienten aliviadas inmediatamente después de practicarse un aborto por un embarazo no deseado! En Colombia, continúan persistiendo barreras estructurales, sociales y culturales que impiden que la experiencia sea la mejor posible, en términos de poder acceder y cómo se accede.
Pero no es necesario entregarse por completo a la desesperanza. Por fortuna, y como lo han documentado algunas investigaciones, existe el acompañamiento y la orientación feminista que permite que las mujeres y personas gestantes vean su decisión como una decisión válida y legitima, además de facilitarles la resistencia a las narrativas estigmatizantes. De esta forma, en espacios como la Línea Jacarandas, se promueven los sentimientos positivos y se tienden a reducir los negativos para facilitar el acceso y generar espacios de confianza para quiénes acuden a nosotras.
¿Y entonces, qué estás esperando para compartir la Línea Jacarandas y todas las redes de acompañamiento feminista en aborto a todas tus amigas?