Todas hemos escuchado el nombre de Imane Khelif, una boxeadora de Argelia que está a punto de asegurar su primera medalla olímpica. Lamentablemente, la única discusión al respecto es qué tanto merece ganar teniendo en cuenta “las ventajas que tiene sobre las demás participantes”. Dicha ventaja es que según las fake news, Imane no es una mujer “biológica”.
Esto avivó el debate sobre si las personas trans deberían competir contra mujeres u hombres cis. Un debate que aquí no tiene pies ni cabeza por la sencilla razón de que Khelif es una mujer cis: ella nació, se crió y siempre ha competido siendo una mujer. El problema no es que crean que es trans, el problema es que no comprenden que exista una mujer con un talento así, con la fuerza suficiente para ganar.
De hecho, todo esto empezó debido a que Angela Carini, su contrincante, dió a entender que Imane no era una mujer debido a la frustración que le generó haber perdido y sobre todo haber recibido golpes fuertes en un deporte donde el punto es quién golpea más fuerte ¿irónico no?
Debido a esto, todos los conservadores y transfóbicos se dedicaron a rumorar el "sexo biólogico" de Imane causando una ola de odio tan grande que incluso su padre tuvo que mostrar el certificado de nacimiento de la boxeadora olímpica. Tener que verse en la situación de mostrar algo tan íntimo y personal es insultante para la carrera de Imane, quien tuvo que sufrir varias derrotas, como cualquier otra persona para llegar a donde está.
Pero entonces, si es una mujer que ha ganado de manera limpia ¿cuál es el problema? Que no es una persona blanca estereotípica.
El pecado de Imane Khelif es no ser el estereotipo de lo que se supone debería ser una mujer. Pero es que esto no es la primera vez que pasa, Caster Senmeya, Christine Mboma y Beatrice Masilingi son algunas de las mujeres que sufrieron la misma discriminación y fueron descalificadas de sus competencias por exactamente lo mismo.
La hipocresía y el machismo se vuelven aún más evidentes cuando en los deportes donde compiten hombres esto jamás ha sido un problema. Nunca se ha cuestionado qué tanto merecen sus reconocimientos deportistas como Lebron James midiendo 2.06m, cuando el promedio estadounidense es 1.76m. O que Michael Phelps tenga una condición genética que le da brazos más largos y menos ácido láctico, lo que le da ventaja al nadar.
Entonces, aquí el problema no es si Imane está calificada o no para competir en su categoría, porque sí lo está, cumplió con los exámenes necesarios para competir según el comité olímpico. El problema, una vez más, es la discriminación que tienen que sufrir las mujeres por no ser lo que al machismo le gusta ver.
Imane Khelif es una mujer con mucho talento y sobre todo, que ha trabajado muchísimo para ser competidora y próximamente ganadora olímpica. Que el machismo, la transfobia y la discriminación no nos hagan creer lo contrario.