Por esto rompen Transmilenio en la marcha de mujeres

Cada 8 de marzo, en el Día Internacional de la Mujer, los medios se inundan de acusaciones a las mujeres por "destruir la propiedad", ¿de dónde sale ese discurso?

Feminismo
11/3/2025
Viviana Bohórquez Monsalve

El 8 de marzo se convirtió en la oportunidad para sacar lo peor de la sociedad. Por un lado, saca a relucir que la mayor parte de la sociedad no sabe nada de feminismos ni de movimientos sociales. La gente piensa que somos un ejército unificado con una jefa que nos dice qué hacer y qué no hacer. Por otro lado, todas las personas que odian a las feministas se sienten calificadas para opinar y enviar mensajes de odio bajo la excusa de unas estatuas rayadas, sin esfuerzo de reflexión sobre los problemas que se denuncian. 

En Colombia y en el mundo los feminismos son diversos y no siempre buscan la igualdad. Hay feminismos de la diferencia, interseccionales, liberales, y muchos otros más. No todas las feministas ven en la igualdad un camino para acabar con la opresión. Las manifestaciones feministas se dan desde diferentes esferas y no hay una coordinadora de la acción. Las protestas incomodan, pero la violencia no. 

El feminismo liberal que se combina con privilegios de raza y clase social ve en la igualdad la posibilidad de cambiar el mundo, esa es una  herramienta  que en efecto ha beneficiado a mujeres para "romper el techo de cristal" y llegar a cargos de poder.  Sin embargo, no es el único feminismo, ni la única forma de ver el mundo que sigue siendo muy violento para todas. 

Lo paradójico es que las mujeres que llegan al poder terminan arrastradas por la indignación del daño de los bienes públicos. Muchas no se preocupan por entender la digna rabia de las mujeres que salen a las calles a rayar las paredes, a pintar monumentos de hierro, a partir vidrios y literal acabar con todo lo que se atraviesa en términos materiales ¿Qué hay detrás de que le hagan daño a los bienes pero nunca a las personas?

Al día siguiente, las paredes se limpian, los vidrios se cambian y todos los daños materiales tienen alguna forma de arreglo, pero las vidas arrebatadas por la violencia machista no tienen forma de regresarlas ¿O cómo lloramos las dos o tres mujeres víctimas que tenemos cada semana? La violencia hacia las mujeres deja un vacío y dolor muy fuerte. La justicia en pocos casos llega y en esos casos la rabia se apodera de las calles. 

Carlos Fernando Galán no quiere escuchar la rabia, el dolor, la indignación de algunas mujeres que viven en Bogotá. Seguramente Galán ni siquiera se acuerda que el pasado 8 de marzo se registró represión contra las manifestantes. Tampoco se acuerda que la violencia ha aumentado significativamente y que su política del cuidado no ha disminuido la violencia en la vida cotidiana de las mujeres que vivimos en Bogotá. Parece que nunca ha escuchado una feminista y sus razones para protestar. 

  

¿Se han preguntado quiénes son y por qué tanta rabia tienen esas mujeres que salieron a rayar y dañar el Transmilenio? Yo como feminista me lo he preguntado una y otra vez. Siempre he visto con respeto a las mujeres que deciden con indignación romper los vidrios del Transmilenio.  Quién soy yo para decir que se calmen o que esas no son las formas ¿Quién las quiere escuchar sin amenazar con la cárcel o bajo el calificativo de “vándalas”?

Nadie quiere escuchar por qué tanta rabia. Entender el dolor inexplicable de la hermana, amiga o hija que se la llevó la violencia machista. 

Soy feminista y me gustaría crear un espacio para escuchar la digna rabia de las mujeres que quieren romper vidrios y paredes porque así tramitan las injusticias o el dolor. No necesitamos más cárcel y represión. Necesitamos justicia y poner fin a todas las formas de represión que perpetúan la violencia y la desigualdad. Si las paredes arden es porque la violencia machista sigue intacta.

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