¿Se han estado viendo una serie o película y sale la macabra “ESCENA DE ABORTO”? Algún tipo de manipulación absurda que hace ver el aborto como la peor decisión posible.
Estas escenas normalmente siguen uno de cuatro patrones: 1) nos muestran un feto en 3d “Hablándole a la mamita” cuando ella quiere abortar, 2) nos muestran la agitada discusión con su esposo o familia que la hace quedar a ella como una egoísta por tomar la decisión sola 3) nos muestran cómo “se arrepiente” al momento de la cirugía y muestran a los doctores que practican abortos como aliens malvados, a veces literalmente, y 4) nos muestran la decisión como un momento moral, no como una decisión de vida. Nunca es racional, nunca es práctico, nunca es por algo que no sea “la lucha del bien contra el mal”.
Estos arquetipos son perjudiciales en la conversación sobre el aborto, porque inevitablemente las series y el cine moldean cómo la sociedad percibe los procedimientos. Hablemos de estas manipulaciones una por una y veamos por qué son problemáticas.
- El feto parlanchín:
La película Blonde tuvo muchísimos problemas: se dedicaba a infantilizar a Marilyn Monroe, hipersexualizarla y a inventar narrativas falsas sobre su vida; pero tal vez uno de los mayores problemas que tuvo fue su feto en 3d.
En algún punto de la película ella queda en embarazo: ella escucha al feto hablarle, y este la manipula psicológicamente haciéndola sentir mal por su aborto anterior. Aunque este embarazo no tiene ni tres meses, intencionalmente muestran al feto casi completamente desarrollado. Eso es parte de la manipulación: la imagen antropomorfizada, la vocecita entrecortada y las palabras deprimentes son parte de la manipulación para decirte “esta es una persona, eres una asesina”.
Como toda la propaganda antiderechos, se basa en mentiras y sentimentalismos: hacerle al público creer que un feto tiene capacidad para reaccionar a un aborto -cuando no la tiene-, y que se ve prácticamente como un bebé recién nacido -cuando no es así-.
- El “permiso” para abortar.
El aborto en las series películas, a diferencia de la vida real, suele mostrarse como una decisión que involucra a más de una persona. No es así, en los países en los que el aborto es legal no tienes que consultarle a nadie. El problema es que, sabiendo que no es necesario consultarle a nadie legalmente, la sociedad ha creado un requisito moral de hacerlo: “¿Cómo podrías hacer esto sin consultarle a tu esposo? ES SU BEBÉ TAMBIÉN”.
Dejemos algo claro: la decisión del aborto es de la persona que lo está gestando, no de alguien más. Lamentablemente, las películas perpetúan este requisito social y usan el “no contar” como prueba de egoísmo y como una falla moral. En la película Revolutionary Road, por ejemplo, el personaje de Leonardo DiCaprio grita enfurecido cuando se da cuenta de que su esposa quiere un aborto, presionándola a explicarse. Lo peor: ¡ella lo hace! Le dice que tomó la decisión por ambos, que quiere ser madre más tarde. Sin embargo, la trama nos pinta el haber tomado su decisión sola como un error, un acto de imperdonable egoísmo.
- Los doctores que hacen abortos son carniceros con una agenda detrás.
Es un sentir común entre los antiderechos que las mujeres que se hacen abortos lo hacen por su propia supuesta inmoralidad y bajo la presión o manipulación de un caricaturizado “doctor malvado de las tinieblas”.
Pensemos en la película del infame estudio cristiano Pureflix, Unplanned. En la película muestran a los doctores como monstruos, que sostienen a las mujeres por la fuerza para que aborten -cosa que es falsa-, que hacen abortos el mismo día de la petición -también falso-, que tienen una cuota de abortos -también falso- y que son carniceros -súper falso-.
La película cuenta la historia de Abby Johnson, una activista antiderechos que solía trabajar en Planned Parenthood. La escena más famosa de la película muestra el momento en el que Abby supuestamente se hizo “provida”: tuvo que presenciar a una mujer haciéndose un aborto de 13 semanas, con un feto que luchaba por su vida, mientras los doctores controlaban la sangre que caía por todas partes y se negaban a transferirla a un hospital por la “mala publicidad”.
Esta historia ha sido desmentida innumerables veces, pues Abby trabajaba en una clínica en la que sólo se hacían abortos con medicamentos. Sin embargo la narrativa de los malvados doctores permea. Que quede claro: ni las clínicas que hacen aborto los practican a diestra y siniestra, ni los doctores que ofrecen el servicio son carniceros, son profesionales de la salud.
- Una decisión moral.
Colombianos, un acto de fe es una película colombiana de 2004 acerca de una mujer que queda en embarazo y que, viendo al país sumergido en el conflicto, decide no tenerlo.
Si bien la película hace uso de TODAS las artimañas que vimos anteriormente: el feto le habla, ella lo consulta con su familia y describe el procedimiento de manera sórdida -aunque siendo justas, en esa época el aborto era ilegal-, se centra en la pregunta moral de tener hijos. Lamentablemente falla en su premisa, pues se dedica, en lugar de plantear la pregunta de si la maternidad puede ser deseada en un contexto tan difícil, a moralizar el aborto de la protagonista.
De hecho en varios puntos de la película, el feto le dice que es insensible, y califica su decisión como un producto de su insensibilidad. La presentación constante en series y películas de este “conflicto interno” es perjudicial para las mujeres que deciden interrumpir el embarazo. Las obliga a tener una conversación consigo mismas llena de juicios morales que no debería existir.
En conclusión: las licencias creativas no son excusa para desinformar.
El aborto es el único procedimiento médico con el que las series y películas se toman TANTAS libertades creativas. Es absurdo. Imaginen que para efecto dramático mostraran una vasectomía así: el hombre teniendo un debate interno sobre su irresponsable decisión, los espermatozoides diciéndole “épale mi colita” y “papito no nos mates”, los doctores tenebrosos y alienígenas listos para castrarlo, escenas dramáticas siendo confrontado por su esposa, madre, hijas.
Suena imposible, ¿no?
Lamentablemente mucha de la desinformación que existe sobre el procedimiento y muchos de los protocolos sociales que la gente se toma en serio con él vienen de la televisión. Lo mínimo que las series nos deben es algo de exactitud. Aunque sea ficción, jugar TANTO con ella es peligroso.