“El aborto es un homicidio”, dijo el Papa Francisco, para sorpresa de nadie. Desde siempre, las religiones cristianas han condenado el aborto como un “asesinato” y un “irrespeto a la vida”.
De pequeñas, quienes hemos crecido en casas religiosas y conservadoras, escuchamos el discurso de que la biblia condena el aborto bajo cualquier circunstancia, incluso bajo las tres causales (violación o incesto, inviabilidad del feto o riesgo a la vida de la mujer). No se imaginan mi sorpresa cuando escuché por primera vez a una activista católica decir “en la biblia la palabra aborto no está ni una sola vez”.
“No puede ser cierto”, pensé. “Eso lo enseñan como doctrina en prácticamente todas las iglesias cristianas”. Pero una búsqueda rápida me llevó a confirmar sus palabras: que el aborto no hace una sola aparición en la biblia. Pensé que estaba teniendo un Efecto Mandela, porque recordaba haber leído un texto que específicamente hablaba al respecto. Resulta que ese texto nunca menciona el aborto, sino el aborto espontáneo, una palabra diferente.
“Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y esta abortare, pero sin haber muerte, será multado conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. Más si ella muere, entonces pagará vida por vida.” (Éxodo 21:22)
Según el único texto que menciona algo parecido a un aborto (la palabra traducida como “aborto” es una palabra para abortos espontáneos, no voluntarios), la pena implica una multa si sólo se expulsa el feto, pero pena de muerte si la mujer muere.
Eso me dijo todo lo que tenía que saber: la biblia no sólo no condena el aborto, valora la vida de la mujer por encima del feto.
Una creería que con un texto tan claro, las personas cristianas aceptarían este hecho y no harían piruetas mentales para justificar la necesidad de control sobre los cuerpos de las mujeres. Y creería mal. Son los Juegos Olímpicos de las piruetas mentales cuando se trata de prohibir el aborto en las religiones cristianas.
La iglesia católica, por ejemplo, cambió su dogma en 1869 para definir la vida humana a partir de la concepción. Anterior a eso, consideraban que había vida humana a partir de la “animación”, o la adquisición del alma (semana 6 de gestación para los hombres, semana 13 para las mujeres), y no tenían problema con el aborto.
La iglesia Ortodoxa, de los Últimos Días, los Testigos de Jehová, los Anglicanos, los Metodistas y los Pentecostales usan el argumento de la “santidad de la vida” y de que “Dios nos conoce en el vientre” para oponerse al aborto (interesante postura, cuando en la biblia se maldicen vientres y matan bebés por cantidades).
Entonces, conclusión: ¿nos mintieron?
Sí. Nos mintieron. La postura de que el aborto contradice al cristianismo es puramente ideológica e infundada. La biblia nunca condena el aborto, y asumir que lo hace para decirnos a las mujeres qué hacer con nuestros cuerpos no es más que machismo y control.
Cada día más mujeres entienden que su derecho a decidir no debe estar intervenido por su espiritualidad, y que las ideologías de los hombres no tienen nada que ver con su relación con sus dioses. Me alegra, aunque sea de grande, haberme enterado de esta mentira. Me alegra aún más saber que cada día más mujeres deciden sobre sus cuerpos, y le enseñan a las próximas generaciones que no deben haber doctrinas en nuestras vaginas.