¿El peor enemigio de una mujer es otra mujer?

¿Es realmente la mujer la peor enemiga de otra mujer?

Feminismo
14/5/2023
Somos Jacarandas

¿Es realmente la mujer la peor enemiga de otra mujer?

Desde siempre se nos ha dado a entender que las mujeres tenemos que estar en constante competencia y, en muchos casos, por la atención y el agrado masculino. Para la muestra un botón: muchas de las películas adolescentes de los 2000s protagonizadas por mujeres como Regina George, en la película favorita de esta generación: Mean Girls. Son mujeres que están en constante pelea por el reconocimiento que implica ser la más linda y  popular, además de lo que parece ser el gran premio, el chico guapo.

Cabe aclarar que la película busca demostrar lo ridículo que esta competencia puede llegar a ser. El problema es que no todo el mundo lo interpreta como una sátira y, por el contrario, se han dedicado a reproducir el guión sin esta intención principal. Ser “chicas pesadas”.

Y no se trata de demonizar la competencia, se puede competir sanamente, pero eso de que las mujeres siempre sean retratadas en constante batalla para tener a un hombre ideal ya es un cliché absurdo. Los intereses, talentos e inteligencia suelen ser eclipsados casi siempre por la necesidad que tienen las historias de agradar a la mirada masculina, al menos así se evidencia en la industria del entretenimiento y la cultura popular.

Aquí vale la pena recordar la frase cliché de político en campaña: “la unión hace la fuerza”. Ponernos en contra las unas de las otras tiene una intención adicional detrás: al mantener la constante competencia y distancia entre unas y otras hace más fácil ejercer el poder y así dar paso a las diversas formas de opresión.

El contrapeso de este fenómeno es la sororidad. En términos simples, la sororidad se trata de la solidaridad y el apoyo mutuo entre mujeres, o el equivalente a lo que es la fraternidad entre hombres, pero que el feminismo y las mismas mujeres se han encargado de profundizar y potenciar.

Ha sido la unión en los dolores y puntos en común para validar la existencia a través de la historia con el machismo. Porque la sororidad no solo es el apoyo, también es el camino al entendimiento del cuerpo y la mente que, cuando se relacionan entre sí, permite entender  lo que significa ser socializadas como mujeres y, en consecuencia, la posición de poder que detenta la mitad de las personas por ser hombres.

Cuando las mujeres han sido reducidas y poco entendidas en su complejidad por el patriarcado, unirse ha hecho que logren ser percibidas más allá del servicio a los hombres. Y llegar a esto únicamente se puede dar si se relacionan de manera sana entre sí, en lugar de a partir de una rivalidad impuesta y, por lo demás, ficticia.

Por ejemplo, en el colegio las únicas que compartían cómo se siente menstruar, o enseñaban cómo ponerse una toalla, eran mujeres. Y sí, más de una se metió en el papel de “no ser como las otras chicas” y él “sólo tengo amigos hombres porque ellos sí me entienden”. Pero, a pesar de todo, muchas se dieron cuenta de que eso no servía de nada cuando se trataba de cosas que sólo otra mujer podía entender.

Cuando hay mujeres que se apoyan unas entre otras en vez de competir es cuando empieza la  exploración y surge el llamado “desarrollo de personaje”. Cuando esos vínculos se estrechan, la confianza florece. Luego, hay que tener en cuenta que en una sociedad tan patriarcal crecer siendo mujer es una experiencia muy difícil (por eso existe el feminismo), así que no hay nada como contar con compañía en el proceso. Entonces, ¿quién mejor que otra mujer?

Casi siempre se suele escuchar que las relaciones entre mujeres están llenas de envidias, celos y chismes, pero esto pasa en TODO tipo de relación, no solo en las de las mujeres. Además, vale recordar que muchas veces esos conflictos son a causa de la misoginia: celos por un hombre, comparaciones del aspecto físico basadas en las ideas de los hombres de lo que es atractivo, etc.

Así que sí, no es como que no existan los problemas, es cómo se piensa en resolverlos en lugar de quedarse con esos prejuicios tontos que únicamente alejan. Es importante tener en cuenta que la amistad entre mujeres, sin quererlo o proponérselo, se convierte en una forma poderosa de lucha contra las desigualdades de género y la opresión. Es dejar el sesgo de que “todas las mujeres son enemigas” atrás.

Ahora, ¿todas tienen que ser amigas en nombre de la sororidad? No, en lo absoluto, eso es uno de los encantos de la sororidad y es que no se trata de estar de acuerdo con todas las mujeres, porque ser mujer no es igual a ser una buena persona y no a todas las atraviesan las mismas cosas, se trata de empatizar. Lastimosamente, existir en el machismo ha dejado traumas que a veces pareciera que son  únicamente algo de mujeres, eso aquí en latinoamérica es palpable: el llamado trauma generacional, que se ha pasado entre abuelas y madres, de ser quienes carguen a sus espaldas con la responsabilidad de levantar a la familia.

Este tipo de escenarios son la prueba de lo necesario que es empezar a tejer relaciones sanas, basadas en la unión, más que la envidia y las ideas impuestas para así hacerle frente a las desigualdades. Ver a otras mujeres como  grandes aliadas, no como competencia.

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